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Después de leer varias cartas en las que nos hacen las
mismas preguntas, decidimos, en esta edición, no contestarle
a cada lector, sino dar nuestra opinión sobre temas diversos
y, como dicen en mi pueblo: “Al que le sirva el zapato, que
se lo ponga”:
LOS
POLICIAS
Los señores
policías arriesgan sus vidas para protegernos de los
delincuentes. Realizan un trabajo valioso.
Es
importante recordar que, en muchos paises, el que no sea
secretario de Estado, diplomático, legislador, hijo de un
coronel o del millonario que más dinero aportó en la campaña
electoral del presidente de la República, o director de un
periódico famoso, aunque tenga razón, no debe discutir con
policías.
Háblemosles
con respeto y cortesía, aunque nos ofendan con palabras,
porque algunos, los deshonestos, podrían llevarte a la
cárcel por intento de agresión, sin tu haber tratado
agredirlos, o por posesión de un revólver o una bolsita de
droga que tu nunca habías visto.
LOS ABOGADOS
Respetémoslos como a los policías.
Es dificil
para un abogado no hablar mentiras, mientras defiende a un
delincuente, porque su trabajo es: hacer todo lo posible
para que el cliente sea declarado inocente, aunque sepa que
es culpable. Conocí uno que le dijo a un acusado que él iba
a defender: “Dime la verdad, que la mentira la pongo yo”.
UN CASO
QUE NO OLVIDO: Cayetano Minaya transitaba en bicicleta por
la avenida broadway de Nueva York, una guagua lo golpeó en
el hombro izquierdo; el ciclista cayó y, con mucho dolor, se
levantó, a pesar de que un peatón le dijo: “no seas pendejo,
quédate ahí hasta que lleguen los policías y la
ambulancia”.
Cuando el
chofer de la guagua se acercó al golpeado, Cayetano,
aturdido y preocupado porque quedó inservible la bicicleta
ajena, le dijo que sólo quería que le comprara una
bicicleta. El chofer, quien sabía que habría tenido un gran
problema si el ciclista hubiera esperado la llegada de
policias, contestó: “Yo transporto niños y tengo que pasar
por aquí todos los días a esta misma hora. Mañana te traeré
dinero para que la compres”.
Después de
tres semanas sin ver pasar la guagua, Cayetano, quien
recordaba el nombre del chofer y el de la institución a la
que pertenecía la guagua (por un letrero que tenía), llevó
el caso a la Corte de Reclamos Menores y, el día del juicio,
le explicó al juez lo que había ocurrido.
La abogada
de los dueños de la guagua preguntó al juez si en el caso
había reporte policial y, cuando le contestaron “no”, la
jurista exclamó: “Magistrado, si no hay reporte policial,
para nosotros no hubo accidente”. El juez descargó al
acusado y Cayetano, todavía con dolor en el hombro golpeado,
aprendió ese día que, en la Justicia, tener un buen abogado
puede ser mejor que tener la verdad.
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