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De ellas (las
ambiciones) podían apreciarse muchas. Unas extravagantes, otras
con toques de humildad; y las que tenían al frente el letrero de
la patriotería, equivalente a algo así como de conveniencia
personal. O de grupo.
Quien estaba
al mando de la cosa pública, entonces, era el presidente Joaquín
Balaguer a quien los de Unión Cívica tildaron de Muñequito de
Papel, para indicar que el Presidente fue, marioneta de
Trujillo.
Pero tal
“muñequito” resultó ser de hierro, como su famoso Soneto que
publicó en su libro Mi tebaida Lírica en el cual se
retrataba a sí cuál era: hombre de carácter de hierro; de hierro
sólido.
En el
quehacer político dominicano de ahora, entre las cosas que se
debaten, está si deben o no desaparecer los partidos políticos
de poca significación pública. Dirigentes de partidos políticos
mayoritarios, han dicho que conviene la vigencia de esos
partidos.
Otros,
señalan que tales partidos lo que hacen es bifurcar la opinión
pública, producir gastos públicos, para beneficio de un reducido
grupo de personas.
Ese tema,
vale la pena abordarlo con profundidad, y sin aspavientos. Lo
mismo debe hacerse con la modalidad esa que partió en dos
el ejercicio del voto: en un tiempo, elecciones presidenciales.
Y en otro, elecciones congresuales y municipales.
Reginaldo Atanay es director de Atanay.com |